La oveja negra es un espécimen diferente del resto de sus parientes,
esa diferencia no es física pues la oveja en cuestión tiene los mismos ojos que
su madre, el rizado y sedoso pelo de su padre, el genio de su tía-abuela y la
inteligencia del tatarabuelo…
Comidas, cenas, bodas, bautizos y funerales vienen regados de
secretos, envidias y chismes, estos últimos envueltos en forma de
preocupaciones por tal o cual primo. Pero salvo “la negra” nadie osa hablar claramente:
-No pienso felicitaros el próximo año, no quiero desearos lo
mejor, no quiero enviaros un whatsapp y olvidarme de vosotros durante 365 días…
Hoy es el día en el que cae el velo entre los dos mundos, el real y el
imaginario, esta noche (como en el resto de estas fiestas) es cuando se hace
más patente la desigualdad del Mundo
en el que habitamos:
-
Mesas
repletas, mesas vacías.
-
Calefacciones
al 30, habitaciones en 12º
-
Uvas,
piedras.
-
Sueños,
realidad.
-
Esperanzas,
agotamiento.
-
Campanadas,
campanazo.
Y sólo estamos en mitad de este esperpento llamado Navidad. Nuestra protagonista, no ha podido contener su discurso y una vez más ha
desentonado, aunque el negro es el color ideal para una cena de gala.

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