Se cerraron unas enormes puertas
tras él, de sus manos calló una cobra y su respiración se heló.
Su alma noble y afligida se
arrastraba velozmente entre las arenas húmedas y frías del delta.
Sus oídos apenas podían escuchar
más allá del tono de su corazón, sus ojos entre abiertos intentaban encontrar
el camino entre la densidad de las motas de polvo, sus manos temblorosas habían
perdido la referencia de las paredes de adobe
y el miedo empezó a caer entre sus piernas.
La oscuridad se había tragado a
la luna, a las estrellas, ... quizá los guardias no pudieran ver las huellas de
sus mojados pies.
Ella le había pedido su ayuda,
imposible negarse y ahora cómo podría demostrar que él solo cumplía su
voluntad.
¿Podría vivir con ese pesar?
Había ayudado a morir a su reina, ahora, ella sería libre para retornar a su
templo áureo.

