Hoy es un día especial en el calendario, pues nos recuerda la lucha que las mujeres seguimos viviendo para conseguir igualdad en diversos ámbitos de nuestra vida.
Y me ha parecido que una buena forma de honrar a lo femenino es a través de una artista poco conocida y que marco un antes y un después en la historia del arte: Elsa von Freytag-Loringhoven.
La Baronesa logró que su persona fuera un objeto artístico, todo lo que había vivido
y experimentado hasta ahora la prepararon para su papel estelar.
Plumas, copas de champán, cucharas, latas de tomate, juguetes, cristales, chinchetas,
simples objetos de lo cotidiano, lo fragmentado, en su cuerpo cambian de categoría
modal. Ella les dio cierto valor estético. Una adelantada a su época que como tantos
genios antes que ella, nunca fueron entendidos por sus contemporáneos (Gavillán
2015).
Durán (2013), Elsa buscará en los contenedores, en vertedores, en la basura y en sus
paseos por la ciudad con ojos de la sorpresa, de la apertura al encuentro con la casual.
Compraba sigilosamente en los grandes almacenes, lo que le llevó a pasar alguna
noche en el calabozo.
La vanguardia presumía de saltarse los límites, la Baronesa literalmente los traspaso,
utilizando su cuerpo como escenario, como lienzo, como papel, consiguiendo romper
fronteras que para los artistas y más siendo mujeres era algo catalogado como
imposible.
Elsa es una persona que según avanza su vida se va transformando en un personaje,
en su propia obra artística.
Lo hace de una forma contundente, tiene claro su objetivo quiere ser de la aristocracia
para ser aceptada por una sociedad que todavía es elitista y que ella misma combate
hasta el final, aunque curiosamente quiso pertenecer y ostentar ese estatus.
Excéntrica, rara, loca y más adjetivos acompañaron a su figura hasta su humilde
tumba, prácticamente cumple con muchas de las descripciones que hemos ido
perfilando sobre el genio loco.
Fue una rompedora de la estética establecida hasta ese momento histórico, nos
preguntamos si los siglos en los que vivió estaban preparados para un ser tan artístico,
tan comprometido con sus ideales.
Nos gustaría desear a la Baronesa unos buenos capítulos en nuestros libros de Historia
del Arte…
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Baronesa Elsa von Freytag-Loringhoven, Nueva York, 1915 @imagen recogida en internet, desconozco autoría